jueves, 20 de octubre de 2016

METÁFORA Y PARADOJA DE OCTUBRE (II)



Mucha tela octubre. Tela. Pero tela marinera.
Hablábamos hace poco de lo que significaba octubre a través de la figura de mi venerado tío José María. Y otra vez se cruza octubre para hablar de otro venerado tío: Mi tío Pepe. Mi tío José María por parte de padre, mi tío Pepe por parte de madre. Luego del día de la Hispanidad se fueron los dos en este octubre que amalgama lo barroco y lo romántico, la melancolía y el arte, lo grotesco y lo refulgente, lo primordial y lo final.
¡Octubre de metáforas y paradojas!
Mi tío Pepe se fue estando yo lejos, apurando las amargas lágrimas que extrañan las hojas de los olivos mojadas, olientes al alimonado aire de aquellas mañanas imprevistas, cuando nunca se acierta con la ropa. Aquel tiempo de hervor de poleás, ilusiones romeras y perrillos escondidos… Lo dicho: Mucha tela.
Me casé. Le mandé un mensaje el mismo día de la boda, en plena celebración en el Centro Español de Lima. Pero no pude despedirme físicamente de él. No sé por qué pasan estas cosas en la vida, pero el caso es que pasan. Soñé con él antes de que se fuera y esa fue la última presencia suya más parecida a lo físico. No pudimos volver a entablar aquellas míticas conversaciones donde lo mismo se nos cruzaban cotilleos que temas picarescos, familiares, políticos, futboleros y cosas del más acá y del más allá. No pude presenciar cerca a aquel bravo torrente de energía que ni supo ni quiso ser falso, mostrando la franqueza y el arrojo de su carácter allí donde hiciera falta, soltando frescas cuando se requería, lo mismo que era el primero en los halagos, las ayudas y los pésames. Un ejemplo de hombre echado para adelante, con una fe que movió y removió las montañas que hubo de escalar en esta existencia que a veces se nos va donde le da la gana.
Sentí que me cayó un terrible y tétrico jarro de agua fría cuando supe que su vida se apagaba, y todo ello se confirmó un día 18 de este octubre ahíto de paradojas y metáforas, haciendo ahora la friolera de tres años. ¡Cómo pasa el tiempo! Yo ya casado y padre de familia. Y con una melancolía irrefrenable. Y si tengo esa melancolía, no es por cómo están las cosas ahora, sino por el montón de gente buena que ha pasado por mi vida, aportándome y marcándome tanto; mostrándome así qué hay que hacer y qué no hay que hacer.
Dice la prima Mercedes que la vida es muy dura. Y mentira que es...
Con esa dureza de la vida te fuiste rápido, como un relámpago que atraviesa una tormenta inesperada e ilumina con su desgarro hasta a los más despistados.
Tito, yo siento que el tiempo se va y que todo aquello que yo con más hondura amaba y exaltaba va desapareciendo, y lo que viene no es en absoluto para mejor. Que me llame pesimista quien quiera, pero tú eras un gran arquetipo de ese mundo en el que crecí y que tanto me inspira y no veo que esta sociedad esté regenerando lo que dejasteis, sino al contrario. Veo tanta muerte como tan poca vida. Al menos en lo que toca a la tierra que nos vio nacer, a sus esencias y tradiciones; a aquel barro creador por mor de ser trabajado en las alfarerías de las almas que tienen la alegría de vivir y anhelan liturgias para seguir adelante, esperando siempre, con un nudo en la garganta, el estandarte del Senado y el Pueblo de Roma que a la postre, nos dio la lengua y el derecho, y en el cual recibimos la fe.
La vida y la muerte están llenas de metáforas y paradojas que hay que torear como mejor se puedan. La mayor prueba de la inmortalidad está en nuestra descendencia. El legado de los bisabuelos que no conocí lo recogí a través de testigos como el tuyo; un testigo generoso y certero; un testigo de huella imborrable, de orgullo brillante.
La vida, al fin y al cabo, es la que nos lleva con la Divina Providencia mediante, y nosotros no tenemos más que adaptarnos; a veces con ironía, a veces con alegría, a veces con rabia, y siempre con cojones.
En fin, yo no sé lo que va a ser del futuro, aunque me lo imagino... Pero saber, saber, sí sé que estoy muy triste en estas fechas, aunque tú no quisieras tristeza ni en mí ni en nadie. ¡Qué me gustaría verte! Pero volveré al pueblo y me faltarás. Será ley de vida, como unos van, otros vienen. La sangre sigue fluyendo y el sol iluminando, formando ambos la bandera de nuestra patria. No obstante, para mí hay muertos que están muy vivos, y vivos que están muy muertos.
Lo dicho: Metáforas y paradojas de octubre.
Nunca te olvidaré tito. Fue un honor haberte conocido, tratado y querido. Siempre estarás en mi corazón. ¡Siempre!