domingo, 16 de octubre de 2016

METÁFORA Y PARADOJA DE OCTUBRE


En octubre la tierra se relame por las lluvias que se pelean con las aceitunas todavía en plena ordeñada. Los olivos se embeben en la blandura que despeja la mañana para secarse al socaire de un suelo áspero, duro y caliente. Las nubes revolotean con dibujos que sólo ellas entienden y el resto tratamos de interpretar. El tiempo se contradice entre calores y fríos que no piden permiso. Y huele a mosto, a aceite y a naranjas.

Octubre es verdeo. Y mi familia está íntimamente ligada a su ser. Por parte paterna, mi abuelo y mis tíos trabajaron este gremio hasta la extenuación. Por parte materna, fue mi abuelo Morante el que luchó para que se reconociera a la Virgen de Cuatrovitas como patrona del Gremio del Verdeo del Aljarafe.

Ahí es nada.

Verdeo es paisaje y paisanaje.

Octubre no es cualquier cosa.

En octubre nació mi tío Manolo y en octubre falleció mi tío José María. En octubre fueron mis últimas ordeñadas y mi primer viaje a Roma. Y se dice muy pronto...

Octubre puede pasar, como todo pasa. Pero reitero: No es cualquier cosa. No por nada mi señora y yo escogimos casarnos en octubre, juntando mundos el día de la Hispanidad, como no puede ser de otra manera. Y no por nada un día de aceitunas, casi llegando a mi casa (a la altura de la Corraleja), la casualidad quiso que mi primo Guillermo (que también venía de las aceitunas) me viera y me contase que nuestro tío José María se nos había ido. Así, de sopetón, a los 64 años; de una manera explosiva, torrencial, fulminante; como acaso formaba parte de su genial carácter. Mi tío José María, aquel caballero apuesto, amable, acogedor, con una inteligencia prodigiosa, y con el que tanto me unía desde el sevillismo a la literatura, pasando por el flamenco y otras artes. Evocando su entrañable memoria de sevillanas sorprendentes, monólogos y diálogos improvisados y un largo e inolvidable repertorio de luces de bohemia, siempre me asalta la imagen del caballero de la mano en el pecho que pintara el Greco, y respirando hacia octubre, ahora en la lejanía, quisiera pintar una línea del tiempo que vaya de la vida a la muerte como una metáfora o como una paradoja, como acaso es la tauromaquia, aquel arte mitad ballet, mitad vicio, que diría Camilo José Cela. Porque lo nuestro, al final y al cabo, nunca fue el arte por el arte, sino que siempre vamos más allá, y como Curro Romero, no nos gusta la mediocridad, y como Gustavo Bueno, queremos ir a las fuentes. Lo que nos gusta es el cachondeo y la novelería. Pero en buenas condiciones. Exigiendo de todo y a todos, empezando por nosotros mismos. Y es que nosotros, hijos del sol que guía hacia el mar; hijos, asimismo, del interior que lleva al universo, estamos llenos de paradojas y metáforas, pues si bien el Atlántico es el Mare Nostrum, (sonándonos siempre los versos de Fernando Pessoa por voz de Caetano Veloso), la simbología y el mito nos vienen del Mediterráneo. Al final es como decía Paco de Lucía: Entre dos aguas.

Octubre es metáfora, paradoja y recuerdo. El corazón en un puño recordando la última vez que vi a mi tío José María en el mesón "El Potro", en Villanueva del Ariscal. ¡Quién diría que aquella era la última vez! ¡Quién diría que aquel rostro radiante y felicidad de orgullo por su mujer y sus hijos se cruzaría físicamente en mi vida por última vez! ¡Aquel que estaba en mi vida desde mis primeros momentos! ¡Aquel que siempre estuvo en las penas y en las alegrías, en los veranos y en los inviernos!

Y es que octubre es alfa y octubre es omega.

Para nosotros se ha hecho octubre, que es el otoño que hace caer las hojas mientras desparrama los más arquetípicos frutos. Para nosotros también se ha hecho el barroco, pues si la vida es sueño, los sueños, sueños son, y no hay nada que nos guste más que soñar despiertos. También podría decirse que para nosotros se ha hecho el romanticismo, con fondo de arpas becquerianas y todo. Aunque al final, todo nos acabe hartando.

Otrosí, el barroco y el romanticismo son capaces de mezclar lo sublime y lo basto, lo trágico y lo cómico.

Tito: Tú me dijiste "no lo dejes", refiriéndote a la literatura. Y desde entonces supe, como Gabriel García Márquez que en verdad lo que quería en esta vida era ser escritor. Entre el ser y el poder a veces hay un abismo. Pero tu feliz memoria y nuestra especial conexión me lleva a no rendirme en la república de las letras. Total, al final lo que nos queda es reírnos más y estresarnos menos. Pero otra vez volvemos a lo mismo... ¿Quién nos entiende?

Habrá que seguir con las metáforas y las paradojas. Total, para lo que hay que ver…

Ya han pasado nueve años. 

Te echo de menos.

Te quiero.

Siempre serás mi ídolo.