jueves, 3 de noviembre de 2016

LA MARISMA NACE EN EL RAQUEJO



LA MARISMA NACE EN EL RAQUEJO

A Manuel Monrobé 

Entre sudores terrosos y olivareros,
se fermenta el aire del trabajo duro
y honrado, con barriles cerveceros como
vigilantes de las tardes de semblante oscuro.

El sol va dorando los días mejores,
siendo gótico, mudéjar, barroco o clasicista;
el Raquejo se solaza en su hacendado ambiente,
los pinos y los eucaliptos se adivinan.

Manuel, desde tu casa yo señalo el horizonte,
que lleva la senda del campo atlántico.
Cuatrovitas es Santiago, es verdeo, es octubre;
el Rocío es Pentecostés: Espíritu Santo. Lo máximo.

Nuestro pueblo es una gran encrucijada ,
y todos los caminos nos llevan a nuestros
sueños, a través de totémicos ciervos, toros
y caballos que bailan sobre cielos y suelos.

Caminos de historias, medallas y anhelos,
surcados con flautas y tamboriles que arriban
a la gran Atlántida sepultada entre arenales
salados y rubios: La marisma, Manuel. ¡La marisma!

Marisma que contigo empieza en el Raquejo,
como crónica de un paraíso terrenal anunciado.
Manuel: Mucha fe y mucha fuerza; con los tuyos,
y para adelante, a seguir despierto lo soñado.