sábado, 4 de febrero de 2017

RIP PERICO ROMERO




Perico, antes que nada, disculpa la tardanza, pero no me he olvidado de ti. Lo que pasa es que se me han ido pasando los días y entre una cosa y otra, el tiempo no corre, sino vuela. Vaya por Dios hombre, que te nos has ido. Dos años hacía que no iba por el pueblo y un día que me estaba yendo para Sevilla pude salir de refilón a tu nieto Pedro, mi gran amigo con el que tan buenos momentos compartí y que nunca se olvida de mí. Y es que esto de viajar luego de un tiempo bueno, y encima ya con niños, es otro nivel. Y a los pocos días, Pedro me dijo la triste noticia que me embargó:

-Antonio, se ha muerto mi abuelo…

Menudo varapalo, hombre. Por cierto, que tu nieto Pedro me dijo en su día que tu verdadero nombre era Peregrino y yo no me lo creía.

Te recuerdo siempre por la calle Larga, de una manera u otra. Con tu rostro serio, servicial y honrado, bien puesto en el horizonte que siempre quiere cristalizar en los Cuatro Cantillos; con tu pelo de plata y de luz lunar, con tus manos recias de hombre trabajador; huyendo de la brutalidad de nuestro verano y aferrado en tu silla al frescor furtivo que a veces se escapa desde la Carretera y los callejones colindantes.

¿Te acuerdas cuando me señalaste los azulejos de tu casa, recordándome la similitud con los de la cocina de mi casa, que tú mismo habías trabajado?

¡Cuántas veces nos saludamos cuando yo entraba y salía de la biblioteca!

Cómo pasa el tiempo, Perico. Como dice mi padre, ninguno nos vamos a quedar aquí. Pero os estáis yendo tanta gente buena, que muchos nos sentimos huérfanos. Yo sé que digo siempre lo mismo, pero sé porque lo digo, y que me permitan las redundancias.

Me hubiera gustado poderme despedir de ti como Dios manda. Pero, ¿sabes qué? Que tengo ya muy claro que algún día no muy lejano voy a volver definitivamente. Y ese día abrazaré como se debe a tu familia. 

Perdona, Perico, si he parecido un descastado o un olvidadizo. Llevo un ritmo muy vertiginoso últimamente y me estoy ordenando un poco en este mes. Te has ido siendo un tótem y un arquetipo. En el cielo te vas a encontrar con mucha gente buena. Da recuerdos y velad desde allí por nosotros, que falta hace.

Hasta siempre, querido amigo. Un fuerte abrazo desde la otra punta del mundo. 


Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.

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