jueves, 13 de abril de 2017

"APOLOGÍA DE JOSÉ LEÓN" - "LA ABEJA"


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Escribe: Antonio Moreno Ruiz.- José León Castro es torero, galguero, caballista, rociero, y como feliz consecuencia, poeta, que se dice muy pronto. Natural de Villanueva del Ariscal, pueblo que comparte con el mío –Bollullos de la Mitación- el formar parte de la comarca del Aljarafe, esto es, el conjunto de pueblos que, cual jardín deleitoso, se extiende cerca de la ciudad de Sevilla anunciando, a su vez, la cercanía del Atlántico; se ha convertido, por derecho propio, en un referente de nuestra cultura.
Y por si fuera poco, hay un vínculo personal nada desdeñable. Las cosas pasan por algo, y cada vez creo menos en las casualidades y más en la Providencia. El caso es que, estos años atrás, ya establecido un servidor en Lima, escuchando una y otra vez los poemas musicalizados de José León, me pongo a darle vueltas a la cabeza y resulta que nuestro mentado torero poeta está presente en un hecho fundamental en mi vida: Resulta que yo emigro al Perú en el 2011. Y en el 2014, mi amigo Francisco Abellán, digno hijo de Castilla la Vieja y buen conocedor y amante de las tradiciones españolas, me refiere la obra de un tal José León, en la cual se combina la poesía y la música al alimón de galgos, toros y caballos. Cuando escucho la primera vez "Mañana de cacerías", se me llegan a saltar las lágrimas (en absoluto exagero) recordando a los galgueros de mi pueblo, entre los que se encontraba mi tío Manolo, otro grande que también se nos fue ya; y que con toda la ilusión del mundo me llevaba a la Cabreriza, en la calle Larga, allí al lado de la ermita de Roncesvalles, a enseñarme aquellos galgos con los que cortaba el viento por los cotos. Asimismo, recuerdo a su hijo, mi primo Mario, cómo entrenaba con otros galgueros del pueblo, con aquellas motillos de los cuales tiraban como en Siberia y Norteamérica tiran los huskies, los samoyedos y los Alaska malamuten de los trineos. Así las cosas, entre diciembre del 2014 y enero del 2015 pasé veintipocos días de vacaciones en el terruño, luego de dos años de ausencia. Cuando me encontré con mi primo Gonzalo Moreno Castro (1) y le hablé del poeta que no paraba de escuchar a través de múltiples versos musicalizados, me aclaró que el artífice de los trabajos "Galopando por los sueños", "Que Dios reparta suerte" y "De casta le viene al galgo", amén de paisano suyo, también forma parte de su rama Castro.
Yo me quedé asombradísimo de la coincidencia, pero hasta ahí, no caí en que había otro vínculo definitivamente sublime. Y es que reitero: Las cosas pasan por algo. Porque resulta que se acabaron aquellas intensas y fructíferas vacaciones y yo seguí pendiente de los trabajos de José León, encogiéndome el corazón con cada verso; y al cabo de los meses, mi primo Gonzalo me refirió que también estoy ante el dueño de la Bodega “El Potro”. Conste que a mí me sonaba mucho el sitio pero no acababa de identificarlo. Con todo, me meto en su página de facebook (2) y en seguida identifico el lugar donde por última vez vi a mi muy querido, admirado y añorado tío José María, a la sazón, padre de Gonzalo. Bicheando más fotos, puedo identificar a una hermana de José León como la persona que nos atendió aquella otoñal y plácida noche, pocos días antes que mi tío se nos fuera tan intempestivamente.