domingo, 25 de febrero de 2018

"ENTRE FANDANGOS Y TANGOS" - DIARIO DE LA MARINA

Entre fandangos y Tangos


Entre fandangos y Tangos
Antonio Moreno Ruiz
“Tango” y “fandango” son dos vocablos de nuestra universal lengua asociados a la música. Según los hermanos Hurtado Torres (1), así como con el refrendo de Raúl Rodríguez (2), proceden de la desinencia“ngo”, ligada al África atlántica.
La palabra “fandango” aparece ya a finales del siglo XV y relacionada con los bailes que interpretaban los negros. Ya entre los siglos XVII y XVIII, en pleno aluvión barroco, se convierte en un incontestable molde (una especie de rock de la época) que va a parir músicas tan lejanas en geografía como la marinera peruana (3) o las sevillanas (4), pero tan cercanas en el patrón rítmico e incluso estético.
En México todavía está muy vivo el fandango antiguo (5) como tal (anterior al fandango flamenco, tan característico de Huelva). Y de México, a través de mucha interacción, llegó a Andalucía y Valencia la petenera. Así como de la Argentina se importaron para Andalucía la vidalita y la milonga ya en el siglo XX. En el flamenco se habla de algunos determinados cantes como “de ida y vuelta”, pero no necesariamente la ida comienza en Europa. Y esa “ida y vuelta” no afecta sólo a unos pocos cantes; es algo que abarca mucho más.
Con respecto a la palabra “tango”, recordando de nuevo a los hermanos Hurtado Torres y a Raúl Rodríguez, es una palabra que aparece muy tempranamente tanto en Triana como en La Habana, y podemos estar hablando del siglo XVII. Es una palabra que, al igual que “fandango”, aparece relacionada con los bailes de negros. Ya el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, a través de su novela “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, menciona al tango como patrón rítmico que atraviesa el Atlántico a partir de Cuba, llegando hasta la Argentina y el Uruguay, adoptando en el ámbito rioplatense unas nuevas formas por mor de las aportaciones de las muchas comunidades inmigrantes allí establecidas, entre otros aspectos. Y centrándonos en Cuba, el escritor peruano Enrique López Albújar cita en su novela “Matalaché” la presencia de una música llamada “guajira”, haciendo furor del Callao a Lima. Sabemos que la guajira flamenca procede del punto cubano, música aún viva en las Islas Canarias. ¿Es casualidad que en el mundo hispano encontremos los mismos nombres musicales aun con evidentes variantes? Creemos que no, que casualidad hay poca y que interacción hay mucha, y en muchas ocasiones, la investigación no se ha centrado por la vertiente criolla. En cuanto los ojos se han vuelto a un estudio musical estricto y comparativo, las evidencias se han manifestado. Siempre han estado ahí llamándonos la atención, hasta que por fin nos hemos dado cuenta de que no estamos ante fenómenos aislados, sino ante una corriente cultural poderosa.
Volviendo al tango, el flamencólogo José Luis Ortiz Nuevo apuntó, años ha y basándose en la hemeroteca, que en el repertorio flamenco de Cádiz, en la segunda mitad del siglo XIX aparece el “tango de los negros” o el “tango americano”, procedente de Cuba. ¿Es casualidad que la música de Cádiz, desde el flamenco a las chirigotas, estén constantemente recordándonos ritmos antillanos? ¿Son casuales esos ritmos tan rápidos, alegres y característicos, cuya diferenciación se ve hasta en la forma de interpretar la bulería? Volvemos a dar una respuesta negativa, esto es: Hay algo más. Así como tampoco es casualidad que, a partir de la época de Carlos III, cuando se acaba el monopolio andaluz-americano y se incentiva el contacto de puertos como Santander, La Coruña o Barcelona con América, justamente en estas regiones norteñas, al alimón de una considerable emigración de sus paisanos al Nuevo Mundo, empiecen a aparecer géneros musicales llamados habaneras o posteriormente colombianas. Cosa a la que tampoco es ajena la música andaluza. Y lo mismo ocurre hasta en el Perú (por ejemplo, con el payandé) (6), pues fue la zarzuela la que expandió por ambos continentes el “género habanero”.
Cuba como filtro, Cuba como vector, Cuba como absorción y transmisión de Europa a América y viceversa, pues no en vano durante cuatro siglos todos los barcos que iban y venían por allí tenían que pasar siempre.
No pocos amigos hispanoamericanos me dicen que por culpa del indigenismo negrolegendario, en América se intenta negar la herencia española. No obstante, yo como ibérico puedo decirles que en España tampoco somos conscientes de nuestro evidente acriollamiento, que desde la tortilla de papas o el tomate del gazpacho, hasta el cajón en el flamenco, introducido por Paco de Lucía a partir de su contacto con el Perú, o el “pobre Miguel” que cantaba el grupo “Triana Pura”, aflamencando (y por aires rumberos, herederos de la guaracha antigua cubana) una música compuesta por el compositor colombiano Rafael Escalona, nos rodea en lo cotidiano. Así las cosas, más nos vale que entre tangos y fandangos nos concienciemos de nuestra realidad y nuestro potencial y actuemos en consecuencia como la gran familia que somos.

(1)Sobre los hermanos Hurtado Torres:
(2)Sobre Raúl Rodríguez:
(3)Marinera peruana:
(4)Asimismo, las sevillanas también entroncan con las seguidillas manchegas.
(5)Fandango vivo en México:
(6)Payandé peruano: