jueves, 10 de mayo de 2018

"JUSAPOL" - DIARIO DE LA MARINA

Diario de la Marina

Jusapol

Jusapol

Por: Antonio Moreno Ruiz 
Supe de Jusapol (Justicia Salarial Policial) (1), esto es, la asociación de policías nacionales y guardias civiles que lucha por la equiparación salarial, hace tiempo por mediación de Antonio Gutiérrez Pérez, mi gran paisano, padre de buenos amigos míos, conocido como “Guti” en este mundillo; y más que por “Guti”, por ser un luchador infatigable en pro de la justicia y los agravios frente a Mozos de Escuadra, Ertzainza y demás cuerpos “folclóricos” de las autonosuyas (2) que por su cara bonita tienen un sueldo sensiblemente mayor, cuando en muchos casos hasta han sido formados por los cuerpos de seguridad que se encuentran en inferioridad de condiciones. ¿Dónde están, en estos casos concretos, muchos de los supuestos defensores de la “igualdad”? Y encima, la rastrera demagogia separatista ladrando que hay “discriminación”, que “España les roba”, que “no se les permite nada”. ¡Encima! Y “Guti”, cuya experiencia, vocación y currelo por toda España le ha forjado esa personalidad a prueba de bombas, pareciera un arquetípico capitán de los Tercios de esos que tuvo España como natura, Italia como ventura y Flandes como sepultura. No le queda mucho para jubilarse y, sin embargo, mira más por los suyos que muchos chavales que tienen toda la vida por delante. Y como al final el mundo es un pañuelo, en el autobús que nos llevaba de Sevilla a Madrid me encontré con Antonio Curciel Bernal, otro buen amigo, paisano y tocayo.
Se preguntarán algunos qué me importa a mí esto, si es un tema que incumbe a guardias civiles y policías. Hombre, fuera aparte que creo que es de recibo apoyar las causas justas y nobles, siendo nieto de guardia civil, y siendo policía nacional el mayor de mis primos al igual que también lo es mi compadre, creo que algo me toca la fibra sensible este tema.
Años y años de promesas incumplidas por políticos de diverso pelaje han despertado una conciencia asociacionista como hace tiempo que no se veía en España, tan malhadada y secuestrada por oligarquías asfixiantes. Y al final, las cosas que no dependen de las subvenciones estatales (¡cuánto dinero público se malgasta en España para mantener tantas inutilidades!) son las que más entusiasmo generan y las que más hondo calan. Se vio muy claro en octubre del 2017, cuando las redes sociales se hicieron eco de un clamor popular incontestable desde los Pirineos a las Canarias, siendo la bandera roja y gualda el cromatismo más amado y elegido por un pueblo que se sintió en comunión con su policía nacional y su guardia civil, frente a unos políticos que una vez más volvían a vendernos a todos ante un golpe separatista en toda regla. Quedábamos espontáneamente para concentrarnos por la unidad de España en cada plaza (hasta los españoles emigrados en nuestra América seguíamos el ejemplo), atestando pueblos y ciudades, todos juntos, apoyándonos como un solo hombre, o mejor dicho, como una sola Agustina de Aragón al pie del cañón, evocando que hace algo más de dos siglos, aun en otras condiciones, España se veía presa de la invasión napoleónica; también con muchos políticos corruptos y traidores, estando la autoridad prácticamente ausente. Sin embargo, pronto José Bonaparte vio muy claro que tenía como enemigo a todo el país. Cuando hemos visto amenazas exteriores, nos hemos unido de forma instintiva y entrañable. Desde que la selección española de fútbol ganara el mundial en el 2010, mucha gente aprovechó para exhibir sin miedo su bandera de sangre y sol, harta ya de las imposiciones y  los calificativos gratuitos de una clase político-mediática que quiere destruirnos por completo, aun sin éxito total, con mucho daño por delante, y actuando como extranjeros que desprecian a un pueblo al que ven como inferior, engañándolo, saqueándolo e insultándolo continuamente, tal y como hacían los secuaces del tirano corso.
Con todo, el personal de Jusapol, lleno de compañerismo y de lucha, de patriotismo sano y libre que se ve y se respira, pronto me contagió su camaradería y nadie me preguntó ni receló sobre qué hacía yo allí, y eso que no era más que un simple invitado. Al contrario: Me acogieron desde el autobús como uno más. Y cuando mi paisano ponderaba en exceso mis cualidades narrativas, muchos me felicitaban y esperaban mi crónica. ¿Y qué podré yo escribir de esta gente valiente y leal, hambrienta y sedienta de justicia, que se juega la vida por nosotros en muchos casos y sin poder actuar con la contundencia que quisieran por mor de unos políticos que les han ido quitando autoridad y libertad todos estos años? Pues, entre otras cosas, que la dignidad no hay quien se la quite.
Octubre de 2017 fue un punto de inflexión para el pueblo español. Los políticos pretendieron decir hasta qué podíamos exclamar y qué no en las manifestaciones. Pretendieron enfriar nuestro natural entusiasmo vexilológico. Pretendieron manejarnos como marionetas domesticadas. Pero no pudieron. También han intentado frenar a Jusapol y sus justas reivindicaciones, y tampoco han podido; al punto que Jusapol ya ha generado dos sindicatos, para policía nacional y guardia civil respectivamente. Y lo que queda. Porque están dispuestos a ir hasta a Bruselas si hace falta.
¡Qué gran manifestación! Digna heredera de las de Zaragoza, Málaga, San Sebastián o Barcelona, por mencionar sólo unas cuantas.  Madrid vibró. Desde la marcial sede del Ejército del Aire hasta la castiza y bullanguera Puerta del Sol. Miles y miles de personas de toda nuestra patria, policías y guardiaciviles, bien acompañados por sus familiares con banderas y pancartas, esperando la llegada de sus compañeros asturianos que habían recorrido quinientos kilómetros, reivindicando a pleno pulmón cosas de elemental justicia que niegan tirios y troyanos, y aplaudidos por un pueblo entusiasta que los vitoreaba como héroes. Asturianos de sidra y madreñas, montañeses guerreros, valencianos de mascletás, andaluces que saben combatir el calor… Empezando y acabando todos en un estruendoso y formidable saludo vikingo.
¡Qué sensación más buena! ¡Qué ambiente tan formidable, tan natural, tan normal, tan real! Definitivamente, aunque no soy el más optimista de este raro mundo, compruebo con estas cosas que no todo está perdido. Que todavía hay espíritu, lucha y coraje. Que todavía se tira para adelante a pesar de las muchas tropelías que estamos padeciendo. Que los españoles somos gente con iniciativa y pundonor, y que cuando nos unimos, no hay quien pueda con nosotros; y que si estamos desunidos, es porque han conseguido con artificios desde arriba perjudicarnos a hierro; pero que a pesar de que la cosa esté de regular para atrás, no es definitivo y se está dando un caldo de cultivo más que interesante para, a grandes males, grandes remedios. Este viaje relámpago, absorbiendo los kilómetros que nos unen por distintos caminos, lo corrobora.
Gracias al incombustible Antonio Gutiérrez.
Gracias a los demás amigos de Jusapol, a todos aquellos con los que compartí bocadillos, refrescos y cervezas que pusieron de su bolsillo, y con los que tanto aprendí escuchando sus experiencias, proyectos y anhelos. Gente comprometida con su gremio y con su país y que siempre están los primeros cuando se les necesita, a pesar de lo mucho que se les insulta. Fiel reflejo de todos aquellos hermanos suyos que dieron su vida contra el terrorismo, cuya memoria, dignidad y justicia está siendo pisoteada gobierno tras gobierno.
Lleváis razón. Seguid yendo a por todas. Os lo merecéis. Os apoyamos. Os queremos.
¡Viva la Policía Nacional!
¡Viva la Guardia Civil!
¡Viva España!
¡Adelante Jusapol!


(2)Tomo el término del escritor Fernando Vizcaíno Casas QEPD, quien hace muchos años, frente a tirios y troyanos, con humor, anunció lo que muy pronto se vislumbraría como tragicómica realidad: